martes, 30 de septiembre de 2025

MADERA.

 

MADERA.

 

Y si de pronto, casi como de la nada,

Nos diéramos cuenta

Dilatáramos la pupila para ver más allá.

Para darnos cuenta de las cosas

¿qué pasaría si le diéramos importancia a otras cosas?

Si entendiéramos que las cosas no son como dice la televisión,

Que  llevamos  años y años quejándonos de lo mismo,

Sin cambiar absolutamente nada.

Y que quejarnos de todo,

Solo le quita la energía a lo lindo,

Si tanto nos molesta algo

Acciones, es lo necesario.

 

Que sería de un mundo,

Donde la gente no se ignore 

Y por el contrario se salude,

Como lo más normal,

Como lo que se supone que somos

seres humanos.

 

Y si nos diéramos cuenta que la vida

Es más que andarse peleando

Por política y por religión,

Y si todos usáramos  la razón y el corazón,

No sería todo mejor.

 

Y si supiéramos que el dinero no compra la felicidad

Que el dinero es solo papel y metal

Que no debería de ser tan importante

Y que si existe es para compartirse

No para morirse lleno de metal en el corazón

Sino de amor.

 

Darnos cuenta que

La vida no es una película de Disney,

Pero estaría bueno convertirla en eso,

Ayudándonos todos, eso sería un buen comienzo.

 

Y si un día,  como de la nada

Nos diéramos cuenta

De que los árboles son seres vivientes,

Y que su desarrollo es muy distinto

y poco explorado por la gente,

ellos están vivos, y viven mucho más

y por ende su experiencia es mayor,

que acaso no dicen los viejos en mi tierra,

-mas sabe el diablo por viejo,

Que por diablo.-

Ellos aún cortados,

 Se preservan en forma de madera,

Todavía  teniendo esencia.

Y si hoy nos diéramos cuenta

De que la madera tiene vida,

Por eso la  gente pone madera en sus casas

Para darle vida al hogar,

Hay que masajear la madera,

(Y a la pachamama o madre tierra),

Con un tacto suave,

Como tocando arena de mar,

De esa suavecita que se te escurre por la piel,

Hay que pasarle un trapito,

Hay que darle su mantenimiento,

Darle una resanada al panorama.

Pintarla para luego,

Ponerle barniz a la madera,

Ponerle barniz a la vida.

 

Solo hay que darnos cuenta.

 

David Herrera. SR.

30 de septiembre, 2016.

miércoles, 2 de julio de 2025

El volver.

 

El volver. (voltar)

Yo volvería a todos y cada uno de los lugares que estuve durante el viaje por Latinoamérica, no hay uno solo que me desagrade, incluso a Curithiba que fue un lugar tan rispido para nosotros, volvería, solo para comer bien, rico, abundante y barato  en los platos libres.

martes, 25 de octubre de 2016

80. EL FUTBOL EN BRASIL. COLORADO DE CORAZÓN.




COLORADO DE CORAZÓN

“¿Los brasileños se volvieron tan buenos en el fútbol porque culturalmente era tan importante para ellos, o el fútbol se volvió tan importante para ellos porque eran tan buenos para jugarlo?”
Alex Bellos.





El Sport Club Internacional de Porto Alegre es un club fundado en 1909, al contrario que los otros clubes de futbol de la época, no tenía tintes elitistas ni discriminatorios, por eso se lo suele llamar “o Clube do Povo” (el Club del Pueblo). Torcer por este equipo implica tener el color rojo en la piel y en el corazón.
El Inter cuenta con un estadio de primer mundo llamado Beira-Río (por encontrarse situado frente a la ribera del río local) y albergó varios partidos del pasado Mundial 2014. Su mascota es Saci, un personaje mítico del Brasil, personificado por una especie de duende negro que sólo tiene un pie, y que en lugar del otro pie lo sostiene un balón de futbol.
Lo mejor de este club es su gloriosa historia, pues es considerado el “Campeão de Tudo”, ya que ha ganado en todas las competiciones a las que un club brasileño puede aspirar: ligas locales, Copas  Libertadores, Mundial de Clubes, Copa Sudamericana, entre otros. En forma sarcástica, para molestar a su odiado rival el Gremio de Porto Alegre, se dice que lo único que no ha ganado es el título de la segunda división, pues nunca ha descendido.
Yo desde que salí de México he asistido a varios partidos en distintos países, y siempre al equipo que voy a ver de local lo convierto en mi equipo de ese país, aunque hay algunos que, por las circunstancias del partido o por las cuestiones de cómo llegué al estadio, les tengo más cariño que otros. Puedo decir que en Costa Rica soy del Saprisa, en Colombia también soy rojo, por el Deportivo Independiente de Medellín, en Perú del Sporting Cristal, en Bolivia del Strongest, y ahora en la capital del futbol, en Brasil soy rojo del Internacional.
Desde que llegamos y Eduardo nos recibió con la noticia de que nos invitaba al partido, yo sabía que el Inter sería mi equipo en Brasil, luego poco a poco me fui metiendo a sentir los colores. Edu me mostró una modalidad que tienen los seguidores llamada “Side by Side”, que la crearon como una forma de erradicar la violencia que existía en los clásicos que se jugaban entre los equipos locales, y consiste en que cuando el Inter juega de local, separan una sección de las tribunas para que los seguidores puedan llevar a alguna persona que pertenezca y lleve la camiseta del Gremio, para fomentar una convivencia sana y para demostrar que la pasión debe quedar en la cancha y no cruzar absurdamente a las tribunas en forma de violencia. Una medida que debería de copiarse en muchas partes del mundo.
El día del convencimiento total fue el jueves por la tarde cuando se acercaba la hora de ver al Inter contra el Curitiba, desde los preparativos me sentí parte del equipo, comenzando por el ritual de ponernos los colores, usando camisetas, chamarras y bufandas que Eduardo nos prestó de su amplia colección, así como todo el proceso de llegar al estadio, colocarnos en nuestros asientos y esperar a que comenzara el juego. Mención especial para la manera en que se vive el futbol desde la tribuna en Brasil, la gente casi en su totalidad permaneció de pie todo el partido, niños, jóvenes, adultos, señores y señoras grandes, todos apoyando a su equipo. Por otro lado la porra que estaba bastante cerca de nosotros, siempre apoyando con los bombos y cánticos que toda la gente coreaba, y que las porristas y Saci, bailaban.
Se trataba de un partido decisivo, ya que el Inter (por primera vez en su historia) estaba a punto de descender a segunda división. El primer tiempo no tuvo muchas emociones, pero el segundo cambió radicalmente. Con un Internacional que reaccionó bien ante la entrada de dos atacantes como Valdivia y Marquinhos, quienes le dieron mucha movilidad a la delantera. Cuando el Inter comenzaba a jugar mejor de pronto pegó un balón en el palo, pero pocos minutos después el árbitro marcó un penal a favor del Curitiba, ya no quedaba mucho tiempo, la derrota estaba casi anunciada, y eso representaba problemas serios para el equipo en su lucha por no descender. Con los nervios de punta el arquero se convirtió en el héroe al atajar el penal  y darle una inyección de motivación al equipo rojo. Ya no quedaba mucho tiempo en el reloj y fue al minuto cuarenta y dos que vino la compensación por parte del árbitro, ahora un penal a favor del Inter. La emoción fue tan grande que a ninguno de los presentes nos importó si había sido penal o no, sólo queríamos que cayera el gol para poder explotar en la celebración. Y así fue, cayó el uno por cero definitivo, desde ese minuto y hasta el silbatazo final nadie dejó de apoyar, toda la torcida dejando estallar, en forma de gritos y de cantos, su corazón rojo. El final del partido llegó y con ello la alegría de todos, apagaron las luces de la cancha e hicieron un espectáculo entre las luces del estadio y las de los celulares del público,  combinado con los apasionados cánticos. Yo salí del estadio con una emoción inmensa de haber podido asistir finalmente a un juego de futbol en Brasil, y con escalofríos de haber sido parte del festejo.
En Brasil soy rojo por convicción, colorado, como el Chapulín.
Soy del Internacional de Porto Alegre, el Campeón de Todo. 



Escrito por David Herrera González.
Edición del texto por Julieta D’Ambrosio.
17 de Octubre 2016.

80. EL FUTBOL EN BRASIL. LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA.



 LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA.

“¿Los brasileños se volvieron tan buenos en el fútbol porque culturalmente era tan importante para ellos, o el fútbol se volvió tan importante para ellos porque eran tan buenos para jugarlo?”
Alex Bellos


Hace tiempo, cuando planeábamos el viaje y hablábamos de Brasil, lo veíamos como la oportunidad perfecta para poder cumplir el sueño de ir a unos Juegos Olímpicos, así como también la de ir a ver un partido de futbol en vivo y a todo color.
Hubo varios intentos fallidos, primero cuando Lalo y Luis fueron a ver al Sao Paulo, yo no pude ir por que el horario del partido no me permitía tomar el metro de regreso hasta la casa donde me estaba quedando; segundo cuando intentamos ir a ver al líder del torneo local, el Palmeiras, pero en esa ocasión las vibras no estuvieron de nuestro lado, los boletos estaban demasiado caros y, para cuando preguntamos en las taquillas, ya estaban agotados; tercero, cuando se nos ocurrió la idea de ir a ver al pequeño equipo local de Florianópolis, pero esa idea  se fue dispersando de la misma manera en que lo hizo el sol que no nos permitió trabajar para generar el dinero para asistir.
Durante varias ocasiones ante estos intentos fallidos, se mencionaba que la última parada en Brasil sería Porto Alegre y que allí tendríamos nuestra última oportunidad de ir a ver un partido, pero cuando aún estábamos en Florianópolis los planes cambiaron por unos días y estábamos por salir directamente rumbo a Uruguay sin tener la posibilidad de ir al futbol brasileño. En lo personal eso me dejaba con un sabor de boca bastante amargo, pero afortunadamente algunas veces el destino te tiene preparada la mesa para cuando tienes más hambre.
Entonces al parecer nuestro último plan era hacer el dinero para salir desde Florianópolis hasta la ciudad de Chuy, que es la frontera con Uruguay, y cuando todo parecía que ya sólo nos faltaba hacer un poco de dinero para completar los boletos del autobús, de pronto se vinieron un par de días de lluvia y los planes se vieron afectados. Teníamos que salir ya de Florianópolis pero con la plata que teníamos sólo nos alcanzó (paradójica y alegremente) para llegar hasta Porto Alegre.
La cuestión se puso curiosa cuando yo comencé a buscar hospedaje por medio del CouchSurfing (red social a través de la cual la gente te recibe en su casa), leyendo el perfil de un tal Eduardo, me gustó mucho la frase con la que arrancaba su descripción: “A simple man, who didn´t sold the world”. Le mandé una solicitud para quedarnos en su casa y en menos de cinco minutos ya tenía su respuesta afirmativa, uno de esos tantos chispazos de suerte que tiene el viaje. Nosotros, bastante apretados en el bolsillo y sin muchos ánimos de hacer otra parada en Brasil, tuvimos que ir a frenar a Porto Alegre. Solamente por no dejar, Luis me pasó el dato que en la semana jugaba el Internacional (uno de los equipos locales, junto con el Gremio), y yo en un momento de ocio frente a la computadora me di a la tarea de ver que los boletos no estaban tan caros como en Sao Paulo, pero ya con pocas esperanzas alcanzamos a mencionar la opción de ir a ver el partido.
El tal Eduardo que nos recibiría en su casa, además de ser un excelente doctor-psiquiatra es una gran persona, de entrada tuvo unos detalles magníficos con nosotros al ofrecerse para ir a recogernos a la terminal a las cinco de la mañana. Mientras lo esperábamos fue cuando comenzó la magia, pues noté que en la misma terminal de autobuses había una tienda teñida de rojo que pertenecía al equipo del Internacional, obviamente a esa hora estaba cerrada, pero los colores se me quedaron grabados en la cabeza todavía bastante atolondrada por el mal dormir del camino y por el golpe de la mochila que a media noche se había caído del compartimiento de arriba. Las cosas locas de la vida hicieron que Edu, mágicamente llegara vestido con un pantalón rojo y que fuese seguidor del equipo colorado, y mientras caminábamos hacia su auto, cuando aún no habíamos cruzado ni treinta palabras, ya nos estaba preguntando que si nos gustaba el futbol y confirmando que tenía tres entradas extras para que lo acompañáramos al juego del jueves.
Así de fácil, los muchachos querían ir a ver futbol, pues allí estaba, las cosas buenas de la vida, a veces me asustan.
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