martes, 25 de octubre de 2016

80. EL FUTBOL EN BRASIL. LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA.



 LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA.

“¿Los brasileños se volvieron tan buenos en el fútbol porque culturalmente era tan importante para ellos, o el fútbol se volvió tan importante para ellos porque eran tan buenos para jugarlo?”
Alex Bellos


Hace tiempo, cuando planeábamos el viaje y hablábamos de Brasil, lo veíamos como la oportunidad perfecta para poder cumplir el sueño de ir a unos Juegos Olímpicos, así como también la de ir a ver un partido de futbol en vivo y a todo color.
Hubo varios intentos fallidos, primero cuando Lalo y Luis fueron a ver al Sao Paulo, yo no pude ir por que el horario del partido no me permitía tomar el metro de regreso hasta la casa donde me estaba quedando; segundo cuando intentamos ir a ver al líder del torneo local, el Palmeiras, pero en esa ocasión las vibras no estuvieron de nuestro lado, los boletos estaban demasiado caros y, para cuando preguntamos en las taquillas, ya estaban agotados; tercero, cuando se nos ocurrió la idea de ir a ver al pequeño equipo local de Florianópolis, pero esa idea  se fue dispersando de la misma manera en que lo hizo el sol que no nos permitió trabajar para generar el dinero para asistir.
Durante varias ocasiones ante estos intentos fallidos, se mencionaba que la última parada en Brasil sería Porto Alegre y que allí tendríamos nuestra última oportunidad de ir a ver un partido, pero cuando aún estábamos en Florianópolis los planes cambiaron por unos días y estábamos por salir directamente rumbo a Uruguay sin tener la posibilidad de ir al futbol brasileño. En lo personal eso me dejaba con un sabor de boca bastante amargo, pero afortunadamente algunas veces el destino te tiene preparada la mesa para cuando tienes más hambre.
Entonces al parecer nuestro último plan era hacer el dinero para salir desde Florianópolis hasta la ciudad de Chuy, que es la frontera con Uruguay, y cuando todo parecía que ya sólo nos faltaba hacer un poco de dinero para completar los boletos del autobús, de pronto se vinieron un par de días de lluvia y los planes se vieron afectados. Teníamos que salir ya de Florianópolis pero con la plata que teníamos sólo nos alcanzó (paradójica y alegremente) para llegar hasta Porto Alegre.
La cuestión se puso curiosa cuando yo comencé a buscar hospedaje por medio del CouchSurfing (red social a través de la cual la gente te recibe en su casa), leyendo el perfil de un tal Eduardo, me gustó mucho la frase con la que arrancaba su descripción: “A simple man, who didn´t sold the world”. Le mandé una solicitud para quedarnos en su casa y en menos de cinco minutos ya tenía su respuesta afirmativa, uno de esos tantos chispazos de suerte que tiene el viaje. Nosotros, bastante apretados en el bolsillo y sin muchos ánimos de hacer otra parada en Brasil, tuvimos que ir a frenar a Porto Alegre. Solamente por no dejar, Luis me pasó el dato que en la semana jugaba el Internacional (uno de los equipos locales, junto con el Gremio), y yo en un momento de ocio frente a la computadora me di a la tarea de ver que los boletos no estaban tan caros como en Sao Paulo, pero ya con pocas esperanzas alcanzamos a mencionar la opción de ir a ver el partido.
El tal Eduardo que nos recibiría en su casa, además de ser un excelente doctor-psiquiatra es una gran persona, de entrada tuvo unos detalles magníficos con nosotros al ofrecerse para ir a recogernos a la terminal a las cinco de la mañana. Mientras lo esperábamos fue cuando comenzó la magia, pues noté que en la misma terminal de autobuses había una tienda teñida de rojo que pertenecía al equipo del Internacional, obviamente a esa hora estaba cerrada, pero los colores se me quedaron grabados en la cabeza todavía bastante atolondrada por el mal dormir del camino y por el golpe de la mochila que a media noche se había caído del compartimiento de arriba. Las cosas locas de la vida hicieron que Edu, mágicamente llegara vestido con un pantalón rojo y que fuese seguidor del equipo colorado, y mientras caminábamos hacia su auto, cuando aún no habíamos cruzado ni treinta palabras, ya nos estaba preguntando que si nos gustaba el futbol y confirmando que tenía tres entradas extras para que lo acompañáramos al juego del jueves.
Así de fácil, los muchachos querían ir a ver futbol, pues allí estaba, las cosas buenas de la vida, a veces me asustan.
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