COLORADO DE CORAZÓN
“¿Los brasileños se volvieron tan buenos en el fútbol porque
culturalmente era tan importante para ellos, o el fútbol se volvió tan
importante para ellos porque eran tan buenos para jugarlo?”
Alex Bellos.
El Sport Club
Internacional de Porto Alegre es un club fundado en 1909, al contrario que los
otros clubes de futbol de la época, no tenía tintes elitistas ni
discriminatorios, por eso se lo suele llamar “o Clube do Povo” (el Club del Pueblo). Torcer por este
equipo implica tener el color rojo en la piel y en el corazón.
El Inter cuenta con un estadio de primer
mundo llamado Beira-Río (por encontrarse situado frente a la ribera del
río local) y albergó varios partidos del pasado Mundial 2014. Su mascota es Saci,
un personaje mítico del Brasil, personificado por una especie de duende negro
que sólo tiene un pie, y que en lugar del otro pie lo sostiene un balón de
futbol.
Lo mejor de este club es su gloriosa historia,
pues es considerado el “Campeão de Tudo”, ya que ha ganado en todas las
competiciones a las que un club brasileño puede aspirar: ligas locales,
Copas Libertadores, Mundial de Clubes,
Copa Sudamericana, entre otros. En forma sarcástica, para molestar a su odiado
rival el Gremio de Porto Alegre, se dice que lo único que no ha ganado es el
título de la segunda división, pues nunca ha descendido.
Yo desde que salí de México he asistido a
varios partidos en distintos países, y siempre al equipo que voy a ver de local
lo convierto en mi equipo de ese país, aunque hay algunos que, por las
circunstancias del partido o por las cuestiones de cómo llegué al estadio, les
tengo más cariño que otros. Puedo decir que en Costa Rica soy del Saprisa, en
Colombia también soy rojo, por el Deportivo Independiente de Medellín, en Perú
del Sporting Cristal, en Bolivia del Strongest, y ahora en la capital del
futbol, en Brasil soy rojo del Internacional.
Desde que llegamos y Eduardo nos recibió con
la noticia de que nos invitaba al partido, yo sabía que el Inter sería mi
equipo en Brasil, luego poco a poco me fui metiendo a sentir los colores. Edu
me mostró una modalidad que tienen los seguidores llamada “Side by Side”, que
la crearon como una forma de erradicar la violencia que existía en los clásicos
que se jugaban entre los equipos locales, y consiste en que cuando el Inter
juega de local, separan una sección de las tribunas para que los seguidores
puedan llevar a alguna persona que pertenezca y lleve la camiseta del Gremio,
para fomentar una convivencia sana y para demostrar que la pasión debe quedar
en la cancha y no cruzar absurdamente a las tribunas en forma de violencia. Una
medida que debería de copiarse en muchas partes del mundo.
El día del convencimiento total fue el
jueves por la tarde cuando se acercaba la hora de ver al Inter contra el
Curitiba, desde los preparativos me sentí parte del equipo, comenzando por el
ritual de ponernos los colores, usando camisetas, chamarras y bufandas que
Eduardo nos prestó de su amplia colección, así como todo el proceso de llegar
al estadio, colocarnos en nuestros asientos y esperar a que comenzara el juego.
Mención especial para la manera en que se vive el futbol desde la tribuna en
Brasil, la gente casi en su totalidad permaneció de pie todo el partido, niños,
jóvenes, adultos, señores y señoras grandes, todos apoyando a su equipo. Por
otro lado la porra que estaba bastante cerca de nosotros, siempre apoyando con
los bombos y cánticos que toda la gente coreaba, y que las porristas y Saci,
bailaban.
Se trataba de un partido decisivo, ya que el
Inter (por primera vez en su historia) estaba a punto de descender a segunda
división. El primer tiempo no tuvo muchas emociones, pero el segundo cambió
radicalmente. Con un Internacional que reaccionó bien ante la entrada de dos
atacantes como Valdivia y Marquinhos, quienes le dieron mucha movilidad a la
delantera. Cuando el Inter comenzaba a jugar mejor de pronto pegó un balón en
el palo, pero pocos minutos después el árbitro marcó un penal a favor del
Curitiba, ya no quedaba mucho tiempo, la derrota estaba casi anunciada, y eso
representaba problemas serios para el equipo en su lucha por no descender. Con
los nervios de punta el arquero se convirtió en el héroe al atajar el
penal y darle una inyección de motivación
al equipo rojo. Ya no quedaba mucho tiempo en el reloj y fue al minuto cuarenta
y dos que vino la compensación por parte del árbitro, ahora un penal a favor
del Inter. La emoción fue tan grande que a ninguno de los presentes nos importó
si había sido penal o no, sólo queríamos que cayera el gol para poder explotar
en la celebración. Y así fue, cayó el uno por cero definitivo, desde ese minuto
y hasta el silbatazo final nadie dejó de apoyar, toda la torcida dejando
estallar, en forma de gritos y de cantos, su corazón rojo. El final del partido
llegó y con ello la alegría de todos, apagaron las luces de la cancha e hicieron
un espectáculo entre las luces del estadio y las de los celulares del público, combinado con los apasionados cánticos. Yo
salí del estadio con una emoción inmensa de haber podido asistir finalmente a
un juego de futbol en Brasil, y con escalofríos de haber sido parte del festejo.
En Brasil soy rojo por
convicción, colorado, como el Chapulín.
Soy del Internacional de Porto
Alegre, el Campeón de Todo.

Escrito por David
Herrera González.
Edición del texto por
Julieta D’Ambrosio.
17 de Octubre 2016.
