sábado, 3 de septiembre de 2016

76. Y UN DÍA DESPERTÉ EN BRASIL.



Y UN DÍA DESPERTÉ EN BRASIL.

-...cuando entramos había una señora con su hija de piel morena a punto de dar a luz, la cual bailaba cadenciosa y alegremente un ritmo afro-brasileño para calmar los dolores de parto, en ese momento entendí lo que son los brasileros, gente con el ritmo adentro, gente muy parecida  a los mexicanos y a los latinoamericanos, pero que tienen características únicas y muy especiales...-

Después de un largo viaje desde Ciudad del Este en Paraguay, desperté en Brasil, un lugar donde se siente en todo momento la vibra latinoamericana, pero también un lugar con un toque distinto a todos los demás países latinoamericanos, de entrada todos acá manejan otro idioma, el portugués, y aunque las costumbres son las mismas que en todos los países que hemos visitado, acá parecen tener otro ritmo de vida y otro sabor para hacerlo,  algunas muestras de esto son su música, el baile, la manera en que viven el deporte (especialmente el futbol) y sobre todo la tranquila armonía  que se respira en el ambiente  del Brasil.
Brasil es un país enorme en todos los sentidos, es por ello que visitarlo en lo personal, despertaba una enorme curiosidad y llegar a ese lugar con el plus de encontrarme con Lalo mi hermano lo hacía doblemente especial; ya hacía más de un año y medio que no lo veía, y durante todo el trayecto él se había convertido en nuestro doctor de cabecera, y él desde siempre ha sido un muy buen amigo y un hermano mayor que siempre me ha influenciado para bien, con sus gustos  y su manera de tomar la vida, y ahora el tener la oportunidad de encontrarme con él me acercaba un poco a mi México y a mi familia que muchas veces extraño con todo el corazón.
Con la visita de mi hermano en mente, arribé a  São Paulo, una urbe de 12 millones de personas, incluso más grande que la Ciudad de México, y llegar a ese lugar fue  entrar de lleno al punto de ebullición de Brasil.  Por cuestiones de logística y del destino nos separamos, Julieta y yo fuimos amablemente hospedados por Carla, la brasileña más argentina que conozco, y Luis se hospedaría  en el centro con Lalo mi hermano; así que desde el primer día tuvimos que adentrarnos al ritmo de la gran ciudad y comenzar a aprender a movilizarnos, principalmente en el metro. Para el segundo día que despertábamos en Brasil, Julieta y yo tuvimos que salir temprano para encontrarnos con Luis en  el cómodo departamento ubicado en el doceavo piso de un moderno edificio de la Avenida Paulista donde esperaríamos a Lalo quien se suponía que llegaba al mediodía pero quien al final termino llegando un poco más tarde, yo apenas comenzaba a desesperarme cuando de pronto Luis me dijo que ya estaba abajo, yo baje por el ascensor y me encontré con él en la recepción donde  le di un abrazo y con una sonrisa en el rostro comenzamos a platicar y a ponernos al tanto de todo.   Él llego con una maleta llena de regalos, unas banderas de México, una camisa nueva para el chavo, un par de máscaras de luchador,  una botella de salsa valentina, una lata de salsa taquera, dulces mexicanos (Pulparindos, Pelon Pelo Rico,  Duvalines, Mazapanes), entre otras cosas.

Ya acompañados de mi carnal comenzamos a descubrir algunos puntos de la ciudad, pudimos conocer el Parque Ibirapuera, un hermoso espacio verde desde donde se alcanzaba a ver el monstro de la ciudad al fondo, la Avenida Paulista muy vanguardista y moderna llena de edificios con diseños interesantes y con mucho movimiento, también fuimos a conocer el mercado esperando encontrarnos con algo popular donde pudiéramos comer barato, pero nos llevamos una sorpresa al encontrarnos con el mercado más lujoso en el que yo jamás hubiera estado. En la parte del centro antiguo nos encontramos con iglesias  y con parques de un estilo diferente al resto de Latinoamérica, pero lo más sorprendente de esa zona fueron un par de iglesias, la Catedral da Sé, una imponente iglesia  con un estilo neogótico y la iglesia de São Bento, la cual en su interior tenía un estilo que yo jamás había visto con unas grandes esculturas de santos hechas en madera.

San Pablo entre otros de sus atractivos turísticos también es considerado como la capital del Grafiti, yo ya había  considerado de esta manera a Bogotá en Colombia,  pero São Paulo aparte de estar infectada de arte urbano y de grafiti, también cuenta con un estilo muy peculiar que se llama pichação, a menudo escrito erróneamente como pixação, la cual utiliza una tipografía única, y que es impresionante encontrarla por toda la ciudad, en especial en lo alto de los edificios abandonados.

Para cerrar nuestra aventura antes de continuar para Río de Janeiro, tuvimos la oportunidad de pasar un día en la ciudad de Santos, la playa más cercana a Sao Paulo, la cual a mí me llamo la atención desde que Lalo la propuso porque de allí es el equipo Santos, donde jugo Pelé  y de donde recientemente salió Neymar Jr.



Para cuando llegamos a Santos había una neblina intensa pero el encontrarnos con el mar después de varios meses de no verlo fue una  verdadera fortuna, allí pudimos caminar un poco sobre la arena, para luego hacer una parada técnica a comer en un restaurante con vista a la playa, y después de varios intentos  fallidos de llegar a distintos puntos turísticos, Lalo, Luis y yo terminamos pasando la tarde jugando futbol en la playa con la gente local (el puro “jogo bonito”), mientras Julieta  nos tomaba fotos;  en algún punto en que sentía que me quedaba  sin aire,  de pronto coloque las manos sobre las rodillas y viendo al mar me puse a pensar en que realmente estaba viviendo la experiencia brasileña mejor de como lo había imaginado.

 

Escrito por David Herrera González.

(Fotos de Julieta D`Ambrossio)
                                                                                                                             28 de Agosto 2016.

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