Y UN DÍA DESPERTÉ EN
BRASIL.
-...cuando entramos había una señora con su hija de piel morena a punto
de dar a luz, la cual bailaba cadenciosa y alegremente un ritmo afro-brasileño
para calmar los dolores de parto, en ese momento entendí lo que son los brasileros,
gente con el ritmo adentro, gente muy parecida
a los mexicanos y a los latinoamericanos, pero que tienen características
únicas y muy especiales...-
Después de un largo viaje desde
Ciudad del Este en Paraguay, desperté en Brasil, un lugar donde se siente en
todo momento la vibra latinoamericana, pero también un lugar con un toque
distinto a todos los demás países latinoamericanos, de entrada todos acá
manejan otro idioma, el portugués, y aunque las costumbres son las mismas que
en todos los países que hemos visitado, acá parecen tener otro ritmo de vida y
otro sabor para hacerlo, algunas
muestras de esto son su música, el baile, la manera en que viven el deporte
(especialmente el futbol) y sobre todo la tranquila armonía que se respira en el ambiente del Brasil.
Brasil es un país enorme en todos
los sentidos, es por ello que visitarlo en lo personal, despertaba una enorme
curiosidad y llegar a ese lugar con el plus de encontrarme con Lalo mi hermano lo
hacía doblemente especial; ya hacía más de un año y medio que no lo veía, y
durante todo el trayecto él se había convertido en nuestro doctor de cabecera,
y él desde siempre ha sido un muy buen amigo y un hermano mayor que siempre me
ha influenciado para bien, con sus gustos
y su manera de tomar la vida, y ahora el tener la oportunidad de
encontrarme con él me acercaba un poco a mi México y a mi familia que muchas
veces extraño con todo el corazón.
Con la visita de mi hermano en
mente, arribé a São Paulo, una urbe de
12 millones de personas, incluso más grande que la Ciudad de México, y llegar a
ese lugar fue entrar de lleno al punto
de ebullición de Brasil. Por cuestiones
de logística y del destino nos separamos, Julieta y yo fuimos amablemente
hospedados por Carla, la brasileña más argentina que conozco, y Luis se
hospedaría en el centro con Lalo mi
hermano; así que desde el primer día tuvimos que adentrarnos al ritmo de la
gran ciudad y comenzar a aprender a movilizarnos, principalmente en el metro.
Para el segundo día que despertábamos en Brasil, Julieta y yo tuvimos que salir
temprano para encontrarnos con Luis en el cómodo departamento ubicado en el doceavo
piso de un moderno edificio de la Avenida Paulista donde esperaríamos a Lalo
quien se suponía que llegaba al mediodía pero quien al final termino llegando
un poco más tarde, yo apenas comenzaba a desesperarme cuando de pronto Luis me
dijo que ya estaba abajo, yo baje por el ascensor y me encontré con él en la
recepción donde le di un abrazo y con
una sonrisa en el rostro comenzamos a platicar y a ponernos al tanto de todo. Él llego con una maleta llena de regalos, unas
banderas de México, una camisa nueva para el chavo, un par de máscaras de
luchador, una botella de salsa valentina,
una lata de salsa taquera, dulces mexicanos (Pulparindos, Pelon Pelo Rico, Duvalines, Mazapanes), entre otras cosas.

Ya acompañados de mi carnal
comenzamos a descubrir algunos puntos de la ciudad, pudimos conocer el Parque
Ibirapuera, un hermoso espacio verde desde donde se alcanzaba a ver el monstro
de la ciudad al fondo, la Avenida Paulista muy vanguardista y moderna llena de
edificios con diseños interesantes y con mucho movimiento, también fuimos a
conocer el mercado esperando encontrarnos con algo popular donde pudiéramos
comer barato, pero nos llevamos una sorpresa al encontrarnos con el mercado más
lujoso en el que yo jamás hubiera estado. En la parte del centro antiguo nos
encontramos con iglesias y con parques
de un estilo diferente al resto de Latinoamérica, pero lo más sorprendente de
esa zona fueron un par de iglesias, la Catedral da Sé, una imponente
iglesia con un estilo neogótico y la
iglesia de São Bento, la cual en su interior tenía un estilo que yo jamás había
visto con unas grandes esculturas de santos hechas en madera.
San Pablo entre otros de sus
atractivos turísticos también es considerado como la capital del Grafiti, yo ya
había considerado de esta manera a
Bogotá en Colombia, pero São Paulo aparte de
estar infectada de arte urbano y de grafiti, también cuenta con un estilo muy
peculiar que se llama pichação, a menudo escrito erróneamente como pixação,
la cual utiliza una tipografía
única, y que es impresionante encontrarla por toda la ciudad, en especial en lo
alto de los edificios abandonados.
Para cerrar nuestra aventura
antes de continuar para Río de Janeiro, tuvimos la oportunidad de pasar un día
en la ciudad de Santos, la playa más cercana a Sao Paulo, la cual a mí me llamo
la atención desde que Lalo la propuso porque de allí es el equipo Santos, donde
jugo Pelé y de donde recientemente salió
Neymar Jr.



Para cuando llegamos a Santos había una neblina intensa pero el encontrarnos con el mar después de varios meses de no verlo fue una verdadera fortuna, allí pudimos caminar un poco sobre la arena, para luego hacer una parada técnica a comer en un restaurante con vista a la playa, y después de varios intentos fallidos de llegar a distintos puntos turísticos, Lalo, Luis y yo terminamos pasando la tarde jugando futbol en la playa con la gente local (el puro “jogo bonito”), mientras Julieta nos tomaba fotos; en algún punto en que sentía que me quedaba sin aire, de pronto coloque las manos sobre las rodillas y viendo al mar me puse a pensar en que realmente estaba viviendo la experiencia brasileña mejor de como lo había imaginado.
Para cuando llegamos a Santos había una neblina intensa pero el encontrarnos con el mar después de varios meses de no verlo fue una verdadera fortuna, allí pudimos caminar un poco sobre la arena, para luego hacer una parada técnica a comer en un restaurante con vista a la playa, y después de varios intentos fallidos de llegar a distintos puntos turísticos, Lalo, Luis y yo terminamos pasando la tarde jugando futbol en la playa con la gente local (el puro “jogo bonito”), mientras Julieta nos tomaba fotos; en algún punto en que sentía que me quedaba sin aire, de pronto coloque las manos sobre las rodillas y viendo al mar me puse a pensar en que realmente estaba viviendo la experiencia brasileña mejor de como lo había imaginado.
Escrito por David Herrera González.
(Fotos de Julieta D`Ambrossio)
28
de Agosto 2016.
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