domingo, 11 de septiembre de 2016

78. Playa Sono



Playa Sono


Varias veces me escuché diciendo en mi cabeza:
 “esto es vida”. 


(Fragmentos del diario)

Del Miércoles 23 de Agosto al  Sábado 27 de Agosto,  2016.


LA PLAYA. Playa Sono es un sueño, como lo dice su nombre. Para llegar a la playa sólo se puede hacer por mar o caminando sobre un sendero en medio de la jungla, nosotros ahora en unas cuantas horas vamos a volver por ese camino por el que llegamos hace varios días, volveremos  a escuchar los sonidos de la  selva con el fondo de las olas rompiendo, la entrada y la salida perfecta de un sueño igual de perfecto.
Poder ver el mar desde que te levantas hasta que te vas a dormir, poder escuchar las olas en todo momento, eso para mí es un lujo.





SU GENTE. Aquí la comunidad de Sono es muy pequeña, con tan solo unos 500 habitantes y con uno que otro aventurero que llega y pone su carpa sobre la arena para pasar unos días en plena tranquilidad, sin lujos materiales, pero con el lujo de estar unos días en el paraíso.
La gente en esta comunidad vive de una manera muy tranquila. Los niños se preocupan por ir a la escuela y por jugar en la playa; los adultos por pescar o hacer alguna que otra actividad como administrar tienditas, restaurancitos, hostales o campings, y también por jugar en la playa; y finalmente los visitantes que solo disfrutamos y también jugamos.


TRABAJO CON LA VECINDAD. La idea de presentarnos en la escuela de la comunidad se vino abajo por cuestiones de burocracia, que curiosamente alcanzan a llegar hasta este lugar tan perdido de la civilización y del sistema. Pero eso no impidió que nos presentáramos, pues la directora de la escuela hizo todo lo posible para que los niños pudieran ver nuestro espectáculo a la hora de la salida, también tuvo el gran detalle de conseguirnos un pequeño almuerzo en agradecimiento. Yo disfruté mucho la presentación, pues vi que los niños y los adultos estaban completamente enfocados en el show. Al final los niños estuvieron jugando con las marionetas, fue tanta la alegría que sentí que más tarde decidí salir vestido de luchador, y aunque casi no había gente en la playa, pude jugar con Caique, el niño de Neia la mujer que nos dio hospedaje gratis, quien cuando nos despedíamos, me pidió que lo golpeara, a mí me causo mucha gracia su solicitud, pero no podía pegarle así que solamente lo levanté y le hice una llave de luchador.



PLAYA DOS ANTIGOS. Un día durante nuestra estancia también fuimos caminando por el medio de la montaña hasta la siguiente playa llamada Dos Antigos, un espacio completamente virgen donde no hay nada más que unas enormes piedras en medio de la arena.  En esa hermosa playa tuve el placer de nadar en el mar y aunque el agua estaba un poco fría, lo disfruté al máximo con sus pequeñas olas y con islotes de arena que te permitían seguir tocando el fondo aunque fueras avanzando en lo profundo.


EL FINAL DE LA PLAYA (Y LAS GAVIOTAS). No se  me olvida el vuelo de las gaviotas que finamente cruzaban la línea divisoria entre mar y arena, como coloreando la espuma a su paso. Un día cuando estaba amaneciendo me tuve que levantar al baño y cuando iba de regreso a nuestra carpa vi a esa gaviota que lenta y finamente se fue volando, recorriendo de un lado a otro hasta postrarse en las rocas al final de la playa, ese lugar que curiosamente, un mediodía, me recargo de amor el interior,  mientras  escuchaba la canción  Meu Erro de los Paralamas. En el mismo lugar donde hace solo unos momentos alcancé a ver cómo Julieta se sentaba para admirar el hermoso paisaje que la rodeaba.



NUESTRA ALIMENTACIÓN. Nuestra estancia aquí represento comer arroz y pasta con ajo la mayoría del tiempo, comidas simples pero que sabían delicioso, y no por los ingredientes ni por lo elaborado de los platos, sino simplemente por el lugar donde estábamos y por el amor con el que estaban hechos. Comer en esa banquita con vista al mar  no puede ser más que una delicia, así como también lo fue el tomar café con agua de la cascada en Playa dos Antiguos, pues sentir ese gusto del café y darle al cuerpo un poco de hidratación era algo bastante complaciente.
Comer y beber en el paraíso es delicioso.


LAS NOCHES EN SONO. Simplemente fueron mágicas. Caminar sobre la arena viendo cómo se iluminaba como una mini explosión estelar, por la presencia de algo llamado plancton, algo sobre lo que yo no tenía mucho conocimiento y algo que nunca hubiera imaginado que me fuera a tocar ver.
Por las  noches los árboles se llenaban de luciérnagas y arriba en el cielo  las constelaciones y las infinitas estrellas, le daban esos chispazos de luz al momento.


 



LA REALIDAD. En este lugar varias veces nuestras discusiones fueron encaminadas a lo que la gente pudiera estar haciendo viviendo dentro del sistema, en la vida diaria de una ciudad, mientras nosotros estábamos en frente del mar, viendo como las olas nos iban hipnotizando lentamente y los efectos alrededor de eso nos seguían encantando. Varias veces sentí esos escalofríos que se sienten de la emoción de estar en un lugar mágico. Yo no sé, pero al menos para mí, esto es vida.

 
Escrito por David Herrera González.

                                                    Fotografías de Julieta D'Ambrosio.

 

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