RIO DE JANEIRO 2016.
Ya no persigo mis sueños, ahora ellos me persiguen a mí.
Todavía recuerdo lo que decíamos
afuera de casa de Luis cuando hablábamos del viaje, en más de una ocasión
mencionamos entusiasmadamente que si las cosas se daban, sería un sueño
cumplido el llegar a las Olimpiadas en Brasil; aparte esa era la excusa
perfecta para visitar ese
país tan representativo en Sudamérica.
Al parecer todo nos ha salido más que bien, (sin dejar de lado las complicaciones de llevar más de un año
viajando) pues no solo pudimos llegar a dicho evento, sino que en lo personal
fue de una manera muy especial, pues aparte de llegar allí con Julieta y Luis, también incluyo para mí una muy
agradable sorpresa cuando hace unos
meses antes mi hermano Lalo confirmo que había comprado los boletos de avión
para estar con nosotros unos días en Brasil
y justamente para acompañarnos en nuestra aventura olimpica. Todo era doblemente
especial pues en mi familia siempre seguíamos la cobertura de las
olimpiadas, por eso el tener a mi
hermano acá era la cereza del pastel, aunque faltaba
el Rulo y todo el resto de la familia.
Al final de cuentas ese sueño que
se veía lejano se cumplió y gracias al apoyo de Lalo pudimos tener una mejor experiencia, pues si no fuera por él no hubiéramos podido
disfrutar tan plenamente nuestra breve estancia en Río de Janeiro 2016.
Nuestra entrada a la ciudad de Río
fue muy distinta a lo que habíamos imaginado,
pensábamos en un ambiente colorido y lleno de fiesta, pero no fue así pues las
ciudades avanzan de igual manera con o sin Olimpiadas, y a nosotros primero nos
tocó meternos al ritmo citadino para
establecernos, tomando el transporte público, lidiando con el portugués,
caminando con las maletas y descubriendo que en algunas zonas de la ciudad las subidas
son altas y prolongadas, las calles son
lindas y llenas de vida, pero también
llenas de indigentes, un lugar que demanda estar alerta, una ciudad muy grande
y caótica construida a lo largo de las hermosas playas brasileñas.
Nuestra primer probadita de las Olimpiadas ocurrió en nuestra primer
tarde cuando caminábamos por el centro de la ciudad, entre ubicándonos y
conociendo, hasta que de pronto a lo lejos vimos una zona colorida donde se respiraba el ambiente
olímpico. Era la zona donde se ubicaba el Fuego Olímpico, había gente pero sin
llegar a ser tumulto, pudimos tomarnos las fotos con el fuego y ver el comienzo de un juego de básquet entre
USA y Venezuela en una pantalla gigante, pero luego tuvimos que regresar al
departamento donde nos estábamos quedando en el Barrio de Santa Teresa, pues
nos habían dicho que no llegáramos muy noche por que la zona no era tan
tranquila. El segundo día fuimos a la playa de Ipanema para ver si encontrábamos algo del evento olimpico, al final terminamos atrapados por la hermosa
playa y no encontramos nada de Olimpiadas, pero al siguiente día ya
teníamos los boletos para un juego de básquet y teníamos las intenciones de ir
a algún otro evento, y una función de box se apareció como una muy buena
opción.
Así que al día siguiente tuvimos
una intensa jornada olímpica, de entrada me sorprendió la organización pues yo
esperaba que todo estuviera perfecto, pero no fue tan sencillo, de entrada,
comprar boletos para el box fue un proceso lento y cansado, pues el punto de
venta era pequeño y la fila era interminable, y por otro lado la llegada a la zona olímpica
represento mucho más confusión y mucho más tiempo del que yo esperaba. Pero con
todo y esto pudimos arribar a la zona indicada tomando el transporte exclusivo
que consistía en una línea de metro especial y luego unos autobuses nuevos
destinados a hacer llegar a las personas con boletos al parque olímpico.
Primeramente nos dirigimos a la zona de los Pabellones donde
se llevaban a cabo distintas actividades entre ellas la del boxeo, allí pudimos
presenciar una tarde de peleas de distintos pesos, donde nos tocó ver cómo los brasileños
apoyaban a su peleador. Allí observamos toda la función donde se fueron
presentando peleas de todos los pesos y donde hubo algunas peleas mejores que
otras.
En cuanto terminó el box nos dirigimos a la zona principal donde se encontraban los estadios de tenis, la alberca olímpica, la
zona de esgrima y el gimnasio de
baloncesto, allí en esa zona también estaban los locales de los
patrocinadores, nosotros llegamos con tiempo de sobra, así que
decidimos ir a ver que había en las
afueras. Yo decidí ir vestido del chavo del ocho, mi hermano y Luis estuvieron
cambiando de atuendo, por algunos momentos con el gorro de Don Ramón y otros
con las máscaras de luchador, la gente se nos estuvo acercando mucho pues
llamábamos bastante la atención, pero lo mejor vino cuando entramos al local de
Coca Cola, pues los animadores se emocionaron mucho al vernos disfrazados y en
algún punto uno de ellos nos dijo que tenía una sorpresa para nosotros, allí
nos tomamos una foto con la antorcha olímpica y luego se apareció la encargada
con nuestra sorpresa, ella nos dijo que por ser personas con luz y brillantes,
como el slogan de su publicidad, nos merecíamos unas entradas para un evento de esgrima al
siguiente día, incluso nos dieron una entrada más para Julieta quien no había
ido ese día. Pero todo esto nos tomó tiempo y al final salimos corriendo para
alcanzar a llegar al juego de basquetbol, donde pudimos presenciar un partido entre China y Venezuela,
nosotros apoyábamos al equipo latinoamericano, pero en algún punto, tengo que
admitir que apoye a China para que el juego estuviera emocionante, y al final
así sucedió pues el partido se definió hasta el último minuto a favor de
Venezuela. El básquet es mi deporte favorito así que haber cumplido el sueño de
ir a las olimpiadas viendo esta partida, tomo un significado aún mayor para mí.
Para cuando salimos ya eran más
de las doce de la noche así que tuvimos que tomar un bus especial que recorría
todo Río, al final nos bajamos en la parte del centro de Río terminamos tomando un taxi bastante
sospechoso, pero que al final nos llevó hasta el departamento donde estuvimos
parando.
Al día siguiente fuimos en la
mañana al evento de esgrima, el cual fue algo nuevo para mí, por ser un deporte
del que desconocía de las reglas, pero después
de un combate en el que no entendí mucho, los últimos combates los
terminé disfrutando bastante.
Para cerrar la estancia en Río y
casi para despedir a mi hermano ,quien regresaba a sus labores de doctor en
México, pudimos conocer el famoso Cristo Redentor, que es el icono más
representativo de Rio, con sus 38 metros de altura ubicado en lo alto del Morro
do Corcovado, para llegar allí nosotros tomamos el sendero del parque Lage, el cual es un sendero
difícil en medio de la naturaleza, donde incluso nos tocó ver como un señor
canadiense se comenzó a sentir mal, y mi hermano tuvo que sacar a relucir su profesión,
y dejar ir su sudadera por el bien del enfermo. Para cuando llegamos arriba el sol estaba a pleno y una vez que entramos nos
impresiono la fantástica vista de 360 grados, donde se ven las verdes montañas,
las hermosas playas y la impresionante ciudad de Rio de Janeiro,
acompañados por una multitud de turistas
y por una enorme e imponente escultura.
Al final fue en Río donde
me tuve que despedir de mi hermano mayor, un momento difícil y triste el verlo partir, pero un momento en
que le pude mandar un abrazo a toda mi
familia a través de él, un verdadero placer haberme encontrado con mi irmão,
y un sueño hecho realidad el haber podido asistir a los Juegos Olímpicos de Río
2016 con él.
Algunos días después ya instalado
en Paraty pude disfrutar también de las transmisiones olímpicas y pude ver un
poco más como los brasileños vivieron sus olimpiadas, para culminar la experiencia pude ver la
interesante clausura y el preámbulo de
lo que serán los siguientes juegos en Tokio. En algún otro punto de mi vida me
gustaría volver a otros Juegos Olímpicos para continuar degustando de uno de
los placeres que más he disfrutado en mi vida, los deportes.
Escrito por David
Herrera González.
30
de Agosto 2016.




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